Barrio Privado

Título original: Vivarium

Año: 2019.

Duración: 97 min.

País: Irlanda.

Dirección: Lorcan Finnegan.

Guion: Garret Shanley.


Vivarium cuenta la historia de Gemma (Imogen Poots) y Tom (Jesse Eisenberg), una joven pareja en búsqueda de una casa perfecta para ambos, por lo cual terminan topándose con la existencia de un misterioso barrio de casas exactas, un suburbio demasiado perfecto en el cual luego de ser abandonados por un mecánico vendedor de bienes raíces se dan cuenta de que están atrapados allí.

Éste es el segundo largometraje del director Lorcan Finnegan (Without Name, Foxes) y tercera producción que realiza junto al guionista Garret Shanley. Los autores mediante elementos de horror y misterio satirizan aquella idea, ya cuestionada desde hace años en nuestra sociedad occidental, de que el propósito de la vida adulta es la formación de la familia tipo.

Cuidado, spoilers.

Al comienzo del film vemos que Gemma y Tom se aman, funcionan como pareja y se complementan. Podemos ver sus oficios, Gemma es maestra de primaria, mientras que Tom es jardinero, estas dos características, tan opuestas, son las que determinan las personalidades de ambos personajes y las cuales les dan herramientas, tanto materiales (el pico y la pala de Tom) como intangibles (mecanismos pedagógicos de Gemma), que más adelante cada uno deberán usar para poder entender el misterio que los rodea.


En un primer acto vemos como la pareja persiguiendo el sueño de un hogar, terminan varados en el barrio de infinitas casas al cual fueron acompañados por un robótico vendedor de bienes raíces llamado “Michael”, que desaparece sin dejar rastros. A esta altura solo dan cuenta que no pueden escapar.

Un solo atributo se le podría dar a esta realidad: perfección. Pero, una perfección funcional, que permita ser la base de una maquinaria la cual drena todo rasgo de personalidad de los pobres humanos que caigan en esta misteriosa trampa, y así transformarlos en el elemento descartable. Aquí no hay libertades, solo tareas por cumplir, es una realidad insípida, “Estas frutillas no tienen sabor” dice el personaje de Jesse Eisenberg, extrañado al comer. El primer acto termina cuando la pareja recibe, de prepo, un bebé el cual deben criarlo, humanizarlo.


Ya en el segundo acto vemos que varios meses han pasado y ese bebe ahora es un niño, en apariencia, pero que está más cerca de ser una maquina que a un humano. Este niño es un proyecto de quien sabe que procedencia, quizás extraterrestre, quizás extra-dimensional, el cual trata de aprender, de adueñarse de todo tipo de conocimiento humano, brindado por sus nuevos tutores y si estos se niegan, serán torturados por el niño, literalmente, a gritos. Podemos ver en una escena a Tom y a Gemma bailando en medio de la calle al descubrir que el estéreo de su automóvil puede reproducir música a pesar de que el vehículo tenia poca batería, y es ahí donde el niño se entremete arruinando el único momento de diversión que tienen después de un largo tiempo. También como en otra escena vemos al niño espiando a los humanos mientras tienen sexo, destrozando así la poca intimidad que le quedaba a la pareja. Esto deja en claro que ellos están ahí con un solo propósito que se les fue impuesto, la crianza.